jueves, 27 de septiembre de 2012


"Observad a un niño y veréis a un contemplativo: quien absorbe con el corazón lo que observa. Por eso es tan importante que dediquemos tiempo al niño, un tiempo en que el padre y la madre tengan paz en el corazón.
Si ponéis a vuestro hijo durante un día entero delante de la pantalla del televisor, con todas las simplezas que se ven hoy en televisión, ¿cómo lo encontraréis por la noche? Agitado, imposible de controlar; habrá absorbido la vanidad, habrá engullido la fealdad, el lado necio, insípido - y puede que alguna vez malsano y violento- de cuanto ha visto; y estará mal en su interior, porque no pone distancia entre él mismo y lo que ve. Es demasiado pequeño para aplicar distancia, para guardar un distanciamiento. Lo embebe todo directamente y acaba mal. Por el contrario, si durante todo el día ponéis a vuestro pequeño en compañía de una persona pacífica, buena, tierna, que le explique historias, que le enseñe cosas, que se ponga a su nivel, que se ocupe de él con amor, en resumen, de una persona llena de alegría y de paz, ¿cómo lo hallaréis por la noche? Estará como en el cielo, radiante de alegría, porque también en este caso, sin alguna posibilidad de distanciamiento, sin posibilidad de juzgar, de calibrar, habrá absorbido todo de forma directa: la bondad y la belleza de la persona."


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